Evolution homosapien

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Homosapien evolution

sábado, 24 de marzo de 2012

¿VIAJE EN EL TIEMPO?


El lunes me pasó algo realmente extraño.
Me monté en el ascensor de la facultad después de clase.
El que hace ruidos raros e incita a la mente a pensar posibles consecuencias.
Pulsé la primera planta. Salgo del ascensor, entro en el baño y de momento noto algo extraño,
leve. Y pienso: ¡Madre!¡Esto parece salido de la serie Cuéntame como pasó!.
Miro los espejos: están los tres. Qué raro, antes sólo había dos.
Miro los urinarios masculinos; qué raro ahora son más pequeños (estilo Duchamp).
Entonces pensé que ¿cómo era posible? 1. que hubiese habido obras y no me hubiese dado cuenta y,
2. ¿para qué iban a hacer obras para poner material más antiguo en una facultad?.
No me cuadraba. Entonces, olvidándome mis ganas de orinar dentro de la curiosidad,
 sigo mirando los retretes buscando algún indicio y ¡nada!, diferentes totales...
Salgo posteriormente del baño para comprobar que estoy en la primera y no en la segunda planta
(porque el baño era igual que el de ésta pero más antiguo). Efectivamente estoy en la primera
planta. Orino. Me miro en el espejo con ojos de loca, fascinada por mi nuevo descubrimiento.
A la vez atónita, pero en realidad, me encanta cuando me pasan estas cosas.
Me dirijo a la puerta, miro hacia arriba de la misma... Y me doy cuenta de que ese mundo
psicotrópico que acabo de descubrir tan sólo está en mi cabeza:
estaba en el servicio de tíos.

lunes, 20 de febrero de 2012

FRAGILIDAD

Es curioso como todos acabamos pensando las mismas cosas a lo largo de nuestra vida De una forma u otra, pero con la misma interrogación innata, nos preguntamos ciertas cosas en ciertos momentos.
Ahora quiero hacer referencia a la fragilidad. Hace ya unos meses vengo pensando en ella. Es tan asombroso ver que todo aquello a lo que uno se aferra creyendo que es para siempre puede derrumbarse en cuestión de un segundo, con un puñetero soplido. Y tú sin poder hacer nada, más que dejarlo caer.
Esa impotencia que en ocasiones sentimos por la imposibilidad del fenómeno de los acontecimientos, nos lleva a pensar en nuestra propia fragilidad. La fragilidad del cuerpo. La fragilidad del momento. Y del tiempo.
¿En qué nos basamos para mantener ese instinto de supervivencia?
¿Qué nos impulsa a seguir? Si sabemos que tarde o temprano la fragilidad vencerá a nuestro cuerpo...
¿Qué es lo que hace que día a día nos postremos ante lo adverso y luchemos por esperar un poco más a la muerte?... Quizá sea el olvidarla, viviendo, simplemente por vivir.
A veces no existen razones fundamentadas para ciertos hechos, y precisamente esos son los que se sienten de verdad, desde dentro.
¿Se podría decir que la razón en ocasiones limita al humano a sentir?

domingo, 19 de febrero de 2012

SOMBRAS

Sombra aquí.
Sombra allá.
Maquíllate para no salir.
Para quedarte en casa viendo las horas pasar.
Tu cena, tu libro, tu silla y tu terraza: verano.
Olor a mar, a soledad deseada, a paz.
Sentimiento de plenitud frente al mar,
frente a la luna llena y su embrujo.
Frente al sonido de las olas, tú y tu cuerpo y nada más.
Cierra los ojos, entiende lo que sucede y fluye con ello,
y déjate llevar. No hay nada que pensar...
por éstas cosas vale la pena llorar.

viernes, 6 de enero de 2012

LO QUE VEÍA SENTADA EN UN BANCO

Hoy, 8-11-11, tengo veintidós años de edad y tantos meses. Me he venido a un banco de las setas "supersónicas" de la Plaza de la Encarnación, en Sevilla. Aquí hace más frío que abajo, porque está a más altura, pero me da igual. Intento buscar un poco de intimidad fuera de la facultad... (cosa que aveces en ésta ciudad, en este mundo, parece imposible de alcanzar, algo tan simple). Allí casi todo el mundo se para y me habla, y hoy no quiero hablar. No me apetece porque no lo necesito. De repente, dejo de leer mi libro, una señora se ha sentado a unos dos metros a mi izquierda. Su hijo juega en un supuesto parque (de césped artificial) que hay a unos cinco metros en frente de nosotras. Obviamente ella no juega con él, se fuma un cigarro. En el parque también hay más gente, entre ellos un padre solitario con su hija (ésta vez el hombre por lo menos está dentro del parque...), aparentemente le presta algo de atención a su pequeña, pero... ¡plás! se da vuelta y... ¡Voilá!... mientras su hija juega, él, vestido con traje de chaqueta caro, en buena forma, elegante, aunque con perilla y barba de dos días (para resultar un tanto informal a la par que sexy...)... habla por el móvil. A saber con quién, quizá con algún empresario que también finge cuidar a su hij@, no siendo capaz de despegarse del teléfono ni la media hora que tiene para dedicar a pasar tiempo con la única de la familia con la que acabará teniendo una verdadera relación como tal. La lleva al parque más aburrido, triste y sintético de Sevilla, para que juegue sola.
En un banco más lejos hay dos adolescentes salidos (enamorados para susceptibles) dándose el lote. La señora de mi izquierda se va, coge al niño y se lo lleva, éste llora porque no se quiere ir... pobre niño, si prefiere estar en ese parque en lugar de su casa, ¿cómo será estar en su casa?.
Los dos adolescentes me traen recuerdos, el amor adolescente...
no es igual que el amor adulto. Simplemente amas, todo te duele demasiado, pero también todo lo sientes de una forma más sincera.
Pasan guiris que me miran extrañados, preguntándose qué coño estaré escribiendo. Todo el mundo que pasa se piensa que escribo algo súper importante: una novela, un artículo... y no digo si me hubiese traído la cámara... sería una periodista secreta que investiga a la gente de a pie. Nadie cae que simplemente puede que esté escribiendo lo que pienso al verles, porque nadie lo hace, el mundo es menos sincero de lo que creemos.
Delante de mis ojos tengo un hotel, "Ducal", tan sólo tiene cuatro ventanales abiertos de dieciséis, hay crisis, se nota por todas partes, pero yo más que en el dinero (del cuál escaseo) lo noto en el ambiente, en los ojos de la gente, en los ánimos palpables en el aire al respirar... en detalles que pasan desapercibidos para la inmensa mayoría. A los artistas, o personas que viven con el arte, nos llaman egocéntricos porque nos quedamos a solas la mayoría del tiempo que nos pertenece, propiedad propia. Porque siempre tenemos algo que proyectar y por buscar la soledad, madre de nuestro sentir. Pero lo cierto es que más egocentrismo derraman aquellas personas que no entienden que nosotros involuntariamente y por necesidad, estamos continuamente viviendo y representando situaciones sinceras y, que nadie quiere ver, decir o pensar... Y eso les duele (en el fondo inconsciente).
También hay en el parque un niño con la parte de atrás de la cabeza rapada y con una enorme cicatriz de alguna intervención quirúrgica grave. El niño juega como si nada, nada le importa, porque está vivo... y solamente vive. Los demás niños juegan con él y ni siquiera se fijan en que le falta media melena. 
Cuando eres niño eres inocente, despreocupado, nada te importa demasiado si tiene cinco duros para chuches, te expresas sin pudores, eres libre, puro... y luego te contaminas cuando empiezas a poseer razón. Te mezclas con la mierda humana más tétrica. Tienes problemas y tardas un tiempo en aprender a resolverlos, o simplemente a aceptarlos y vivir siempre con ellos. 
Siempre he entendido a Petter Pan.
Cada vez llega más gente, cada vez hace más frío. Es gracioso, valiente contradicción, pero es así, la naturaleza no atiende a razones, no la dominamos, es lo único que no nos hace caso, al igual que los niños, y por ello nos hace sentirnos vulnerables. Pero en el caso de la naturaleza, no sirve la domesticación, por ese motivo nos la cargamos. Somos la mierda mundial, las cucarachas del mundo, nos dan asco las ratas y lo cierto es que nosotros tenemos infecciones mentales superiores a cualquier bicho de alcantarilla en su sangre. Estamos podridos por dentro, pudrimos aquello que tocamos y nos dejamos pudrir porque pensamos que es lo normal. Pero no lo es. Y, ¿Quién nos dice qué es normal o qué no?. El relativismo de las cosas me mata, porque no lo puedo resolver como quiero... ¿Qué?... soy una humana... estoy podrida. Pero no tanto como la adolescente de mayas de leopardo, addidas caras y "blackberry" que se acaba de sentar a mi derecha, que juega con su aparato de última tecnología. Me alegro de no tener uno, me alegro de mirar, de sentir y de que las cosas me duelan, me alegro de no tener que traducir mis sentimientos a un emoticono. Me alegro de tener valores y pretender más allá de que el típico chulo de playa decida que mi culo es el que se merece su cacho.
La niña del parque cuyo padre hablaba por el móvil se ha dado cuenta de que existo, me ha mirado y me ha dicho ¡Hola!, ella ve, mira y hace lo que siente. Quizá yo no esté tan podrida como pensaba, puede que sólo esté algo contaminada. 
En cualquier caso me voy, porque dejo de sentir las falanges superiores. Le cedería la palabra a la adolescente de mi derecha, pero está demasiado liada chateando con el relleno de su propio pavo.